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Resolución de problemas tras instalación de NetGUI

Al instalar NetGUI en algunas máquinas Debian Wheezy hemos detectado ciertos problemas de funcionamiento en la herramienta. A pesar de que parecía instalarse correctamente y de que era posible abrir escenarios, añadir máquinas y routers y conectar interfaces a los switches, a la hora de arrancar los dispositivos no aparecían sus consolas de administración.

Tras ponerme en contacto con Eva M. Castro, del grupo GSYC de la Universidad Rey Juan Carlos (creadores del proyecto), me ha explicado unos sencillos pasos para poder detectar posibles errores. Para ello se puede hacer uso del script check_configuration.sh, que comprueba si se cuenta con todo lo necesario para el correcto funcionamiento de Netkit:

$ cd /usr/local/netkit
$ export NETKIT_HOME=/usr/local/netkit
$ export PATH=/usr/local/netkit/bin:$PATH

$ export MANPATH=:/usr/local/netkit/man
$ ./check_configuration.sh

La salida del script informa al usuario de los componentes que no se encuentran disponibles y, por tanto, de cómo subsanar el problema. En un par de casos que hemos probado esta mañana el problema se debía a que el sistema, de 64 bits, no podía ejecutar aplicaciones de 32 bits, por lo que instalando el paquete libc6-i386 se ha resuelto la situación.

Por otra parte, en ocasiones es necesario aumentar la memoria de las máquinas virtuales de NetGUI al menos a 24 MB o 32 MB, valor que por defecto se encuentra configurado a 16 MB. Para ello es suficiente con ejecutar la siguiente instrucción:

export NETKIT_MEMORY=24

Saludos!

Mis materiales son míos... ¿no?

Hay pocas cosas más molestas en Internet que tratar de acceder a los materiales didácticos desarrollados para cursos de universidades o de institutos y encontrarte con que el acceso a los contenidos está bloqueado y sólo es accesible para los usuarios registrados. Tanto en mi época de estudiante como ahora que soy profesor, cada vez que me encuentro con este tipo de situaciones me siento totalmente decepcionado. Sobre todo si se trata de webs de centros educativos públicos o, peor aún, si estoy mirando los sitios que tienen enlaces a mis materiales y decido seguirlos para ver si encuentro algo nuevo, distinto o con otro enfoque, y me doy con la puerta en las narices.

En ocasiones, cuando hablo de este tema con amigos que no son docentes ni informáticos y que no están al tanto del mundo de la cultura libre, me cuesta hacerles entender mi postura y las razones por las que publico todos los materiales que desarrollo con una licencia libre. Por tanto, voy a tratar de explicar mis motivaciones:

  • Quizás el primer motivo tiene que ver con no hacer sentir esa misma frustración de la que hablaba a la gente que visite mi sitio web. 
  • Pero además, si un alumno de otro instituto o universidad consulta mi documentación y consigue entender algún aspecto que de otra forma no hubiera sido posible, es evidente que, como profesor que quiere transmitir conocimiento, me alegro y considero que es positivo. 
  • Si es un profesor el que usa mi documentación para preparar sus clases y eso hace que sus clases sean mejores, pues también me alegro. Y creo que también es positivo para él y para sus alumnos. 
  • Pero es que, además, los materiales que yo preparo están basados en su mayor parte en cosas que he leído o escuchado en un artículo, unas transparencias, un vídeo o una conferencia, y yo, honestamente, aporto muy poco que sea realmente nuevo o propio. Se trata, por tanto, desde este punto de vista, de una deuda moral con la gente que ya publica sus materiales.
  • Por otra parte, al publicar mis materiales en Internet y saber que antes o después alguien los leerá y puede que se distribuyan, la vergüenza torera hace que ponga especial cuidado antes de publicarlos, tratando de evitar despistes, descuidos o afirmaciones erróneas. Y, de esta forma, mis estudiantes se benefician al recibir una documentación que ha sido repasada a conciencia.
  • Y, por último, aunque no pueda parecerlo, hay mucha gente interesada en los mismos temas que uno publica, sea los que sean, y al colgarlos en Internet seguro que alguien con tus mismas aficiones contactará contigo para felicitarte, realizar algún comentario u ofrecerte algún tipo de colaboración, y eso siempre resulta muy gratificante.
Por tanto, ¡todo son ventajas! La verdad es que me esfuerzo por entender por qué alguien quiere restringir el acceso a sus materiales, pero no lo consigo, siempre que partamos de la base de que se trata de un profesional que hace su trabajo lo mejor posible. Y menos aún si se trata de material elaborado para impartir algún curso de un centro educativo público y, por consiguiente, ha sido pagado con el dinero de todos. No creo que restringir el acceso a los materiales didácticos sea beneficioso para la sociedad en ningún sentido, sino más bien lo contrario.

Y a ti, ¿qué te mueve a publicar o no publicar tus materiales?